LAS TRES PODEROSAS CLAVES PARA LA FELICIDAD DE TUS HIJOS

Últimamente está muy de moda esto de dar “claves” para comprimir el conocimiento y experiencia más valiosos , con el fin de ahorrarnos a los demás tiempo y proceso de aprendizaje. Pues va a ser que no. Que sirve de muy poco o de nada. En última instancia, dichas claves habrán cumplido su cometido si por algún casual provocan que “se nos encienda” alguna bombilla que empiece a darnos luz sobre alguna de nuestras preocupaciones o problemas.

Acabo de hablar con una nueva y flamante mamá. Me relataba su experiencia con pasión, como no podía ser de otra manera, a cerca de percentiles, horas de sueño, lloros, cambio de roles, de identidad personal…Y tanto ha tirado del hilo, que hemos acabado hablando de LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS (el suyo es niño) y DE LAS NIÑAS (las mías son niñas).

Da igual las veces que salga este “temazo” a relucir. Al final, después de mucho estudiar el tema y de unos cuantos años de experiencia, mi conocimiento y experiencia personal se pueden resumir en tres grandes ideas que llevadas a la práctica, no sólo construyen una sólida estructura educativa, sino que dan forma a la felicidad de mis hijas.

1.- AMOR A MANOS LLENAS

Pero así. A mogollón. Todo lo que nos nazca ofrecer y nos demanden. Nunca, nunca, he visto consecuencias negativas a esto. Caricias, besos, cosquillas, te quiero, te adoro, estoy orgullosa de ti…tienen unas consecuencias muy concretas: niños y niñas que se sienten amados, que saben que tienen y merecen un lugar en el mundo, con la autoestima (¡ay la autoestima!) en su sitio. Nunca he trabajado sesiones de coaching personal con clientes que mostraran queja por el afecto recibido…y sí muchos que buscan, infructuosamente, una perfección que nunca alcanzarán, porque nadie les dijo que ya lo eran, perfectos, sólo por haber nacido.

Una puntualización a las muestras de afecto: son niños, y merecen todo nuestro respeto. Yo soy muy cariñosa, pero no siempre me apetece que me abracen, ni me besen, ni lo recibo con agrado si es expresado de determinadas formas. Pues con los niños, igual.

2.- PONER LÍMITES

Una cosa es el amor, y otra dejar que hagan lo que les dé la gana. Un niño cuando nace, no sabe si chupar la escobilla del váter es algo malo, como tampoco tiene la menor idea de que en el mundo, a parte de su mamá (sobre todo su mamá), su papá y él, existen más personas. Y si lo sabe no le importa. Somos nosotros, sus mamás y sus papás, los que podemos y debemos enseñarles que no se pega a los demás, porque hace daño y eso no gusta (bueno, a Grey y compañía sí, pero eso es otra historia), y porque si él o ella lo hacen, con sus actos están legitimando que los demás lo hagan. La libertad no tiene (o no debería tener) más límites que el respeto a los demás y a uno mismo. R E S P E T O.

No somos sus amigos, somos sus padres, sus madres, y ellos, aún, no saben desenvolverse en el mundo, en la sociedad. Necesitan una guía, necesitan que se les faciliten las herramientas para que puedan A P R EN D E R. A vivir, a pensar, a sentir. Y luego ellos ya irán decidiendo y descubriéndose a sí mismos.

3.- AUNQUE DUELA: RESPONSABILIDAD

Qué orgullosa me siento de mis hijas y de mí misma, cuando me dicen otras personas (que no sean las abuelas) lo encantadoras, creativas, inteligentes, simpáticas, generosas…(cierro que se me empieza a caer la baba) que son. Por la parte que me toca, que el padre de las criaturas comparte conmigo este trabajo.

Pero cuando algo falla, porque falla, porque estamos A P R E N D I E N D O, porque nadie nace sabiéndolo y conociéndolo todo…ahí hay que dar el “do” de pecho. De la misma forma que me siento orgullosa y feliz por todo lo bueno que veo en ellas, me preocupo cuando veo algo que no me gusta. Intento conocer todas las versiones, PREGUNTO, ESCUCHO, RAZONO (con la cabeza y con el corazón), y tomo decisiones.  No pasa nada, todos somos humanos, las madres y padres también. Pero hay que tener el coraje y la valentía de aceptar que si tu hija dice tacos, quizá los ha escuchado de tu boca, que si no sabe responsabilizarse de sus deberes es porque tú se los haces, que si te pide un móvil con siete años es porque te ve a ti todo el día con él, que si tu hijo no sabe relacionarse con los compañeros de clase, es porque tus habilidades sociales dejan mucho que desear, que cuando grita y reacciona con violencia cuando no tiene lo que quiere y cuando lo quiere, es porque quizá no le enseñaste a tolerar la frustración y siempre se lo diste todo.

Esto tiene su aquél. Porque para qué nos vamos a engañar, resulta mucho más fácil pensar que de todo tiene la culpa (y en alguna ocasión pudiera ser) el profesor, los compañeros de clase, la ex-pareja, la televisión, la sociedad…Pero en general, no es así. Cómo decía la canción, no culpes a la noche, no culpes a la playa, no culpes a la lluvia…SERÁ QUE NO LE AMAS. Porque si le amas, con toda la grandeza de la palabra, hay que apechugar. Ya lo dice el refranero popular: “De tal palo, tal astilla”.

Y lo siento, pero le voy a llevar la contraria al B.O.E., a la Santa Sede y a Wert. Puede que esté equivocada, quizá dentro de veinte años piense, sienta y actúe de otra manera. Pero hoy por hoy, si algo tengo claro, es que la felicidad radica en en el corazón de uno mismo. Y de nosotros sólo depende. Cuando nos amamos a nosotros mismos, cuando en soledad no nos sentimos vacíos, cuando nuestro corazón se siente limpio, somos generosos, escuchamos, empatizamos…SOMOS FELICES. Y entonces, es cuando volcamos esa felicidad a los demás. Y cuando tu hija, tu hijo, se siente feliz, ayuda al compañero que se ha caído en el recreo, a levantarse, en lugar de ponerle otra zancadilla; comparte el bocata de jamón con quien se lo dejó en casa; se alegra por el sobresaliente de su compañero aunque él haya sacado notable; saca dinero de su hucha, para colaborar en la investigación de la enfermedad de Sanfilippo; y cuando hace alguna trastada (porque las hace, porque está A P R E N D I E N D O), siente en su interior que no lo ha hecho bien, y piensa cómo podría hacerlo mejor la próxima vez.

Está en nuestra mano su felicidad…y cambiar el mundo.

Yo acepto mi responsabilidad. ¿Alguien más?

¿Se encendió alguna bombilla?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s